Identidades de mujeres
      es un artículo de Rosa Andrew incluido en el libro EUSKAL BORROKA FEMINISTA aurrera!!
      publicado por Egizan en 1999, pp.13-37.


      IDENTIDADES DE MUJERES

      Cuando analizamos la situación actual de las mujeres en Euskal Herria, solemos centrar la atención en datos estadísticos que supuestamente reflejan la realidad tal como es, lo incuestionable, lo objetivo, el fundamento para argumentar que la situación ha mejorado, o que los cambios no son tan substanciales y que en el fondo nada ha cambiado. Esto nos sirve para llamar la atención acerca de la fiabilidad de las fuentes que utilizamos, es decir, si miden realmente lo que pretenden. Bastan un par de ejemplos para mostrar lo relativo de los grandes números.

      El primero se refiere a las tasas de actividad laboral a las que siempre recurrimos, en ellas, las amas de casa no se contabilizan como paradas, o ni siquiera como población activa (OIT). El segundo lo recojo de los Indices de la ONU en el informe presentado por Naciones Unidas en la Conferencia Internacional sobre la mujer celebrada en Pekín en 1995:

        a) El Indice de desarrollo humano (el estado español ocupaba el 9º lugar), se mide por:

          - la esperanza de vida
          - alfabetización y matriculación escolar
          - PIB (Producto Interior Bruto por habitante)

      El desarrollo humano podría medirse no tanto por la cantidad, sino por la calidad de vida. Más que la esperanza de vida por ejemplo, son las condiciones de vivienda, los equipamientos, dotaciones sanitarias, educativas y culturales, la infraestructura general, las que determinan la calidad de vida. En este sentido, debería reflejar el grado de marginación de algunos sectores de población, más que el grado medio de bienestar.

      De la misma manera, debería hacer referencia a la normalización de lenguas minorizadas, al desarrollo de la enseñanza pública gratuita, al grado de participación política directa, no sólo de voto, o a la solidaridad, por poner un ejemplo de otros indicadores tan medibles como los que se utilizan oficialmente.

        b) El Indice de desarrollo relacionado con la mujer (el estado español en 34º lugar detrás de Tailandia) lo da:

          - la esperanza de vida
          - la educación
          - los ingresos.

      Además de las mismas consideraciones hechas con respecto al anterior índice, ¿no sería más real medir el desarrollo relacionado con la mujer a través del grado de decisión que posee en ámbitos como la salud o el propio cuerpo, entre otros aspectos?.

        c) El Indice de potenciación de la mujer fue nuevo en la Conferencia de ese año (el estado español, 26º lugar), sus indicadores son:

          - la proporción de mujeres en escaños parlamentarios
          - en puestos administrativos y profesionales
          - los ingresos de mujeres por trabajo.

      Este índice no tiene en cuenta datos sobre los servicios públicos gratuitos para mujeres, o las consecuencias de determinadas políticas de bienestar social, ni tampoco sobre las dificultades para el acceso y la estabilidad en el puesto de trabajo, o sobre el grado de participación y gestión directa de los colectivos feministas en las políticas institucionales.

      Aunque estos análisis, si se realizan de una forma fiable, nos dan una idea de la situación de las mujeres, no es suficiente si tenemos en cuenta que detrás de los números hay mujeres que la viven de muy diferentes maneras, tienen expectativas diversas, y adoptan actitudes heterogéneas que no se pueden resumir en tantos por ciento. Aquí es donde podemos situar la importancia de referirse a lo que las propias mujeres viven, piensan, el sentido que le dan a lo que viven, y lo que están dispuestas a hacer, elementos todos ellos relacionados con la cuestión de la identidad de las mujeres, cómo y con qué se identifican en la actualidad, cuál es el sentido que le dan a la situación de las mujeres, cómo la reproducen o alteran.

      Reflexionar acerca de las identidades actuales de las mujeres en Euskal Herria, requiere aclarar una serie de aspectos. El concepto de "identidad social" ha sido y es problemático para las ciencias sociales, tanto a la hora de definirlo como de aplicarlo a investigaciones concretas. Ha predominado una interpretación de la identidad que resalta la dimensión conceptual, ideológica del término, como si las ideas, además de ser autónomas, fueran las determinantes de nuestros comportamientos. Al mismo tiempo, la determinación de las ideas por la posición social, el estatus económico y político, también se ha exagerado en las lecturas más interesadas del Materialismo.

      El contenido con que utilizo el término "identidad de las mujeres" se refiere a la construcción ideológica por la que las mujeres en Euskal Herria dotan de sentido a la realidad; que se traduce en prácticas, actitudes, comportamientos y relaciones; se basa en un sistema de valores que dicta lo que es bueno y no, lo adecuado y lo inadecuado, lo normal y lo patológico, etc., este sistema de valores legitima un modelo de mujer que asigna roles, comportamientos, pensamientos y sensaciones, explicitando así una determinada concepción social de la diferencia sexual.

      Es decir, referirse a la identidad de las mujeres implica situarla en cómo se explica y realizan en un contexto social dado las relaciones sociales entre los sexos. La diferenciación sexual será un elemento estructurante y jerarquizante por el que se atribuyen posiciones de poder, roles, rasgos de personalidad, espacios, etc. diferentes en función del sexo.

      La posición social secundaria de las mujeres parece un hecho permanente a lo largo de la historia. A pesar de haberse dado cambios sustanciales que nos permiten hablar de distintos tipos de sociedad, en lo que respecta a la forma de organización económica, política, y al tipo de ideología dominante, la relación entre los sexos que define el papel social secundario de la mujer, básicamente es la misma. Desde la adjudicación de esa posición secundaria se establece un modelo de comportamiento para las mujeres, un modelo de ser mujer en base al cual las mujeres construyen su identidad, un modelo dominante que reproduce y justifica la inferioridad, y que pretende constituirse en único modelo de referencia para la identidad de las mujeres.

      ¿Podemos afirmar que la "inferioridad" social de las mujeres es universal?. ¿Toda sociedad, y en todo momento histórico, las mujeres han compartido la misma posición de inferioridad respecto a los hombres?. ¿La inferioridad es algo "natural"?

      Evidentemente, la realidad de las mujeres ha ido cambiando a lo largo de la historia, la sociedad ha ido adaptando las funciones adjudicadas a las mujeres a las nuevas exigencias que se le iban planteando, y con ella han ido apareciendo modelos diversos de ser mujer. La participación económica y política de las mujeres, así como la forma en que socialmente se ha interpretado las diferencias entre los sexos, y cómo se han justificado, varía de una sociedad a otra y de un momento histórico a otro.

      Aunque toda sociedad, y eso queda de manifiesto en las aportaciones de antropólogas feministas de los años 60 y 70, reconoce la diferencia entre los sexos, la diferencia biológica, no todas coinciden en el tipo de funciones adjudicadas a los sexos, ni en la forma de interpretarlas culturalmente. De esta manera, lo que constituiría un universal es la marca biológica que diferencia a los sexos, pero no así las consecuencias sociales que acarrea para las mujeres (género).

      Por otro lado, la universalidad de la posición social de la mujer es cuestionada por el hecho de que en una misma sociedad, todas las mujeres no comparten la misma posición económica y política. Los privilegios de las mujeres de las clases dominantes, introducen una cuestión de fondo para los primeros planteamientos feministas: ¿la posición secundaria de las mujeres es consecuencia, o deriva de la sociedad de clases?, o bien ¿el carácter patriarcal de una sociedad es lo que marca la opresión de las mujeres, y no únicamente su carácter clasista?. ¿Cuál es el origen de la opresión de las mujeres?.

      Para ir aclarando el problema, haremos una breve referencia histórica a cuáles han sido y en qué se han basado las interpretaciones sociales de las diferencias entre los sexos. La visión social dominante de la mujer en cada momento ha compartido los fundamentos ideológicos que daban sentido a la realidad. El peso que hasta el renacimiento en occidente tenía la Biblia como forma de entender la realidad, se ve reflejado claramente en cómo se justifica en ese momento la diferencia entre los sexos. En el momento en que Dios como explicación de todo, deja paso a la importancia de la naturaleza, cambian los argumentos para justificar la inferioridad de las mujeres. De la misma manera ocurre cuando la razón se erige en el criterio de verdad, la naturaleza debe someterse a la razón, y la mujer se va convirtiendo en necesaria, debe asumir su función social para que el sistema funcione.

      La asunción de que la diferencia entre sexos es fundamentalmente biológica, es decir, la naturalización de la diferencia y el considerar igualmente natural el papel social de las mujeres, es lo que ha permitido que sociedades muy diversas hayan atribuido a las mujeres una posición secundaria. ¿Hasta qué punto, hoy en día permanecen este tipo de justificaciones?. ¿Cómo interpretamos actualmente los condicionantes biológicos?. ¿Hombres y mujeres diferentes pero complementarios?.

      ¿Con qué referencias contamos hoy las mujeres en Euskal Herria para construir nuestra identidad?.

      Para responder a esta pregunta tendremos en cuenta no sólo lo que la ideología dominante, la ideología patriarcal, define y asigna a las mujeres, sino las diferentes interpretaciones feministas. Esto es importante si tenemos en cuenta que el proceso de legitimación de los modelos de mujer no está exento de contradicciones, es un conflicto permanente entre aquellos que pretenden ser hegemónicos y que cuentan con los agentes ideológicos más importantes (sistema educativo, medios de comunicación, iglesia, etc.) para garantizar la aceptación de la situación, y otras propuestas que cuestionan la situación de las mujeres y plantean una ruptura del modelo dominante, constituyendo de esta manera un referente para las mujeres, que queda de manifiesto en el feminismo.

      En este sentido, tenemos que destacar en primer lugar el cambio producido en el modelo dominante de ser mujer, en líneas generales podemos decir que actualmente no se plantea ya un único modelo hegemónico, el de madre, esposa y ama de casa, que define a las mujeres en función exclusivamente de la reproducción biológica y social, y que constituye la referencia "tradicional". Hoy en día se ha desarrollado cuando menos una "nueva" identidad para las mujeres, consecuencia de su "incorporación" al mundo laboral, político, al espacio público, que ajusta la definición social de la relación de dominación entre los sexos a través de la "masculinización" de lo femenino y viceversa, permitiendo que algunas mujeres asuman valores tradicionalmente asignados a los hombres (competitividad, racionalidad, eficacia, etc.), es decir, que en última instancia asuman el actual sistema de valores, si se quiere "neoliberal", que aceptando la necesidad de las diferencias sociales para el buen funcionamiento social, entiende que estas no son obstáculo para el éxito individual de los más capaces (sean machos o hembras, blancos o negros, fundamentalistas o ateos), que en libre competencia se erigen en las élites que deben liderar el "progreso" social.

      En segundo lugar, en lo que se refiere al feminismo como modelo de mujer alternativo, la causa de la liberación de la mujer no ha sido un fenómeno social significativo en Hego Euskal Herria hasta fechas muy recientes. La explicación de éste hecho hay que buscarla en la evolución de la situación de la mujer en el transcurso del último período histórico.

      Si bien la primera industrialización, que se produce a finales del siglo XIX y principios del XX, influyó decisivamente en la configuración de las clases sociales y en la identidad nacional del pueblo vasco, los cambios en el orden patriarcal se van a producir muy lentamente. A medida que transcurre el nuevo siglo asistimos a una incipiente incorporación de mujeres a la vida pública, fuera del hogar. Es a partir de los años 70 cuando se da una mayor incorporación de mujeres al trabajo asalariado. Aquí comienza un auténtico cambio de mentalidad de las propias mujeres, al tener la posibilidad de acceder a un mayor nivel cultural y a la posibilidad de independencia económica. Esto dará lugar al surgimiento de un movimiento feminista que llega hasta nuestros días y que de alguna manera constituye un referente para las mujeres.

      Abordaremos los debates fundamentales que han ido decantando las diferentes corrientes feministas, y cómo se han desarrollado en Hego Euskal Herria. La aparición del llamado feminismo "radical" y el "feminismo socialista" marcará en un primer momento los planteamientos feministas de muchas mujeres militantes de los años de la república y del franquismo. La diferencia en sus interpretaciones de la opresión de la mujer radica en la importancia que se le concede a la diferencia de sexos y de clases fundamentalmente. Más tarde, y de la mano de mujeres de naciones colonizadas, surgirán toda una serie de críticas respecto al etnocentrismo del feminismo (interpretar la situación de las mujeres desde una visión occidental y capitalista). Reclamarán una atención especial, que quizá tiene más reflejo en determinadas prácticas feministas, que en la elaboración de una teoría feminista propia que conjugue el sexo, la clase y la nación (etnia).

      Viendo cómo se ha ido perfilando este movimiento en los últimos años, con todos los cambios que se están produciendo en lo que respecta a la contestación y disidencia política ¿qué tiene que aportar el feminismo?, ¿es una cuestión de mujeres, o implica a toda la sociedad?, ¿cómo cuestiona el/los modelo/s social dominante de ser mujer?, ¿qué identidad de mujer nos propone?.

      CUESTIONES SIN RESPONDER, UN ACERCAMIENTO

      Estas son cuestiones que no se pueden responder con teoricismos, ni tampoco con una mirada superficial a lo que acontece a las mujeres en Hego Euskal Herria, no se pueden resolver tampoco en un pequeño debate como nos ocupa, deben quedar en el aire para iniciar una reflexión que propongo se haga a dos niveles:

      a) La idea que pretende ser hegemónica, reforzada por todas las instancias encargadas de legitimar y reproducir la relación de dominación que caracteriza las relaciones sociales entre los sexos en el tipo de sociedad que nos ha tocado vivir, y compartida por muchas mujeres: la sociedad actual permite alcanzar suficientes cotas de igualdad para las mujeres, como si fuera una perfecta maquinaria en la que todos y todas tenemos una función que trasciende las diferencias sociales, lo importante es el individuo, mejor dicho, las capacidades que demuestra para ajustarse a las necesidades del sistema.

      Podríamos hacer referencia a la publicación que varias antropólogas vascas hicieron en 1985, "Mujer vasca. Imagen y realidad" en la que destacan los valores que asocian a la mujer vasca, tanto hombres como mujeres, en los distintos medios (urbano, rural y pesquero). Los resultados arrojaban una jerarquía de valores general, eso sí con matizaciones tanto con respecto al medio como a la edad. Por orden de importancia era la siguiente: "buena madre, limpia, trabajadora, inteligente, sociable, buena presencia", como valores positivos; en cuanto a valores negativos aparecían los siguientes: "ociosa, sucia, irresponsable". Las actividades asociadas también por orden de importancia eran las siguientes: la actividad doméstica se seguía considerando prioritaria, la actividad asalariada, subsidiaria al hombre y a la esfera doméstica. Y por último el mundo de relaciones asociadas a las mujeres eran principalmente las familiares. Transcurridos trece años ¿cuáles continúan vigentes, qué sectores sociales y qué tipo de mujeres reproducen en la actualidad esta imagen?.

      Hemos entendido y asumido como algo natural la posición social secundaria de la mujer. Y si a esto añadimos lo bien que la "cultura vasca" ha tratado tradicionalmente a sus mujeres, reconociéndoles su capacidad de trabajo y sacrificio, tendremos la definición social de la realidad de las mujeres que pretende ser dominante.

      Este tipo de visiones más o menos modernizadas, o más o menos cuestionadas por el feminismo nos permite ver con suficiente claridad que los modelos de mujer establecidos van cambiando. Hoy en día nadie puede negar que la situación social de las mujeres en Euskal Herria ha cambiado mucho, parece que ya no es tan sexista como antes. No vamos a entrar a analizar los cambios en el terreno laboral, político, educativo, sanitario, donde podríamos aportar datos que parecen mostrar que esos cambios tampoco han sido tan profundos, y que en definitiva no cuestionan ni proponen otra relación social entre los sexos que no sea de dominación. Pero sí es interesante constatar las consecuencias que tiene en los referentes de identidad para las mujeres, en el sentido de que ahora no contamos con una única referencia, el modelo tradicional de madre y esposa, un modelo que parte de una definición de la diferencia sexual tendente a la separación, a la asimetría, desigualdad y exclusión. Esta referencia no ha dejado de ser dominante, pero hoy refleja más bien la versión más conservadora que entra en conflicto, mejor dicho, que convive con otras opciones que no alteran de raíz asociaciones como:

      sexualidad - maternidad, aunque ahora se hable de maternidad responsable, de anticoncepción, de pareja en vez de matrimonio, de afectividad o amor en vez de honra y virginidad... diferencia - inferioridad - dependencia, como creencia en un destino determinado biológica y divinamente preestablecido; traducido a complementariedad, coparticipación, lógicas y racionales, adecuadas a los tiempos que corren.

      Una imagen que puede representar este modelo "nuevo" de mujer es el de una mujer práctica, activa, racional, con ese sentido común que le hace estar conforme con lo establecido porque le viene de perlas y que si es necesario utiliza los muchos recursos a su alcance para defender su estatus quo, siempre para sacar beneficio.

      b) El otro nivel de reflexión que propongo se sitúa en confrontación con el anterior, históricamente el feminismo interroga el determinismo biológico o de cualquier otro tipo, de la posición secundaria de las mujeres. En los últimos años ha cundido la sensación de que el feminismo ha perdido sentido, de que los derechos de la mujer se han logrado y que queda poco por hacer, sólo corregir los defectos en su puesta en práctica, idea fomentada desde la justificación de que en la actualidad se da una situación de igualdad solo posible en sociedades "avanzadas", del "primer mundo".

      Existe un desconocimiento importante acerca del feminismo y del movimiento feminista, y un confusionismo preocupante acerca de sus objetivos. Se piensa que el feminismo enfrenta a las mujeres contra los hombres, que es homogéneo, que no hay diferencias en el planteamiento de la opresión de las mujeres, que el feminismo sólo atiende a las mujeres, que sólo ve mujeres y sólo a ellas se dirige.

      Sin embargo, el feminismo continúa siendo una forma de entender la situación de la mujer que se enfrenta a la socialmente dominante. Construye la idea de que no hay nada que justifique la adjudicación de una posición social secundaria a las mujeres, proponiendo una actitud de no aceptación de la discriminación sexual, de insatisfacción ante la situación actual, de inconformismo. Esta sería en líneas generales la identidad desarrollada por el feminismo, sin olvidar como veremos, que las distintas perspectivas perfilan referentes de identidad diversos.

      Tampoco debemos olvidar que en la medida en que se ha ido asumiendo la idea de igualdad, estos referentes han quedado situados más bien a nivel individual; características asociadas al estereotipo de "feminista", quedan integrados en el de "mujer moderna" o independiente. Se puede detectar, al hilo de algunas reflexiones en el movimiento feminista, que se da un cierto alejamiento de las mujeres, que el discurso feminista no ha calado del todo ni en las mujeres ni en los sectores sociales más progresistas, o que el feminismo no es una cuestión solo del movimiento feminista, ni tampoco solo de las mujeres, reflexiones todas ellas relacionadas con cómo las distintas perspectivas entienden y definen el "sujeto" mujer en oposición al socialmente dominante.

      INTERPRETACIONES SOCIALES DOMINANTES DE LA RELACIÓN ENTRE LOS SEXOS

      A lo largo de la historia, por lo menos de la que nos ha tocado vivir aquí, ha sido imperante la idea de la diferencia sexual como natural y universal. Desde este punto de vista ambos sexos son diferentes y la división sexual de las actividades sociales responde a las características biológicas. Las tareas adjudicadas a las mujeres se entienden como complementarias a las de los hombres, y por tanto funcionalmente necesarias para el sistema social. Una complementariedad no igualitaria, sino de dependencia.

      Han sido distintas las formas de justificar la opresión sexual, pero ¿hasta qué punto no existen elementos de continuidad sorprendentes entre las ideas medievales por ejemplo, y las actualmente dominantes acerca de la diferencia sexual?.

      Aunque pueda ser una exageración intentar comparar la sociedad medieval con la actual, la importancia que el catolicismo presta a la Biblia para explicar las diferencias sociales, puede coincidir con las ideas que actualmente asumen algunos sectores sociales, precisamente los más conservadores.

      La Biblia daba respuestas a los orígenes del hombre, de la esclavitud, de la diversidad humana, y también lo hacía sobre la diferencia sexual y el papel que socialmente debía asumir la mujer.

      Por otro lado la ciencia médica dominante permitía justificar científicamente la inferioridad de las mujeres.

      Entre 1500 y 1800, se publican en Europa más de 90 obras de filósofos y médicos que defienden posturas encontradas: unos, defenderán la superioridad natural de las mujeres; los otros, la inferioridad natural. Sus argumentos se apoyan en la Biblia y en los conocimientos médicos de la época. Las diferencias físicas como determinantes de las virtudes morales y la capacidad intelectual de las mujeres son temas significativos en el debate entre "superioristas" e "inferioristas" sobre la naturaleza de las mujeres. Todos estos temas serán recurrentes y nos los volveremos a encontrar en las sociedades contemporáneas. Esquemáticamente podemos resumir los contenidos principales de ambas maneras de interpretar la relación entre los sexos:

      a) Determinación física del temperamento. Hasta finales del Renacimiento, la ciencia médica occidental diferenciaba claramente los temperamentos que oponían a los sexos. La teoría de los temperamentos había sido concebida por Hipócrates (469-399 a. JC), entendía que las diferencias en los humores y secreciones corporales entre los sexos determinaban diferentes temperamentos.

      Superioristas

      La humedad y frialdad de las mujeres prueba su poca inclinación hacia las relaciones sexuales y ello es garantía intrínseca de sus virtudes morales.

      Inferioristas

      El temperamento seco y ardiente de las mujeres determina su tendencia a la galantería y su carácter inestable.

      b) Papel de los sexos en la procreación. Para ambas posturas el papel jugado por los sexos en la procreación es muy importante y tiene consecuencias sociales, sobre todo de cara al control de la sexualidad de las mujeres.

      Superioristas

      Hombres y mujeres participan por igual en la procreación.

      Inferioristas

      Sólo los hombres son activos, las mujeres son el receptáculo de la simiente masculina.

      c) Diferencias morales e intelectuales. Basándose en la naturaleza divergente de los temperamentos de hombres y mujeres adjudican principios morales y de conducta, e incluso de capacidades intelectuales igualmente diferentes.

      Superioristas

      La castidad, continencia, devoción, clemencia, sobriedad, prudencia económica, son algunas de las virtudes adjudicadas a las mujeres, y su temperamento es el que hace que las posean.

      Como dotes intelectuales, las mujeres poseen elocuencia, un espíritu más vivo que los hombres, son mejores en ciencias por su suprarracionalidad, y poseen el don de la intuición y de profecía.

      Inferioristas

      Las mujeres son mentirosas, desleales, indiscretas, fuente de pecado y de desgracia, estos son sus atributos naturales.

      Por eso su capacidad intelectual es el cotilleo, y muestran un espíritu más débil y menos constante que el hombre.

      A lo largo de los siglos podemos ver cómo se va construyendo ideológicamente una naturaleza para los hombres y otra para las mujeres, mediante argumentos médicos y toda una serie de prejuicios que además encontraban la mejor vía de legitimación social: las creencias religiosas.

      Partiendo del texto bíblico, los autores que participan en ese debate, asumen que el sexo, la fisiología y la anatomía de hombres y mujeres han sido creados por Dios y que esto no es una casualidad. Es la prueba tangible de que sus temperamentos son en esencia diferentes y de que de la misma manera deben serlo sus roles y funciones sociales.

      Es curioso cómo superioristas e inferioristas integran su discurso sobre las diferencias sexuales en determinadas creencias religiosas.

      d) Interpretación del texto bíblico. Ninguno de los autores de la época utiliza el único versículo que podía servir para fundamentar una ideología igualitaria: "Y Dios creó al Hombre, macho y hembra los creó" (Génesis cap.I, vers.27).

      Superioristas

      Eva no sabía nada de la prohibición divina.

      En la Biblia hay muchos pecadores y pocas pecadoras, y además el mejor ser humano que presenta es una mujer, la Virgen, y el peor un hombre, Judas.

      Inferioristas

      Adán pecó por culpa de Eva, aunque ambos fueron expulsados del Paraíso. Eva fue la incitadora y su castigo, impuesto por Dios, fue el estar sometida al hombre y parir con dolor.

      En cualquier caso ni superioristas ni inferioristas nos hablan de las mujeres reales, más bien de un modelo de mujer, de una idealización naturalista de la mujer. Ambas interpretaciones establecen los fundamentos ideológicos de la naturalización de la relación entre los sexos. Una ideología que podemos ver reactualizada y que llega hasta nuestros días, reinterpretada por los filósofos y médicos ilustrados en los debates a lo largo del s. XVIII.

      Si durante el Renacimiento el individuo era secundario al estar sometido a la voluntad divina y al orden natural, en el siglo de la Ilustración el individuo adquiere todo el protagonismo y con él, el interés por el origen y causa de las diferencias, tanto de la raza como del sexo. ¿Incluye el concepto de Hombre de los ilustrados a las mujeres?.

      Durante el período revolucionario francés vuelve la confrontación entre dos discursos acerca de la diferencia entre los sexos. Ahora no se entabla entre quienes defienden la superioridad o inferioridad natural de la mujer, sino entre posturas naturalistas e igualitarias.

      a) El discurso naturalista

      Parte de la teoría de los temperamentos y desde ahí, filósofos y médicos como Cabanis o Roussel hablarán del temperamento uterino de las mujeres, de sus enfermedades específicas, de sus órganos sexuales, de su debilidad congénita. En base a estos argumentos adjudican un destino social para las mujeres: dar a luz, alimentar y proteger a los suyos.

      "La mujer es un sexo hasta en su espíritu (...) y si, como se pensaba en el siglo XVIII, cuerpo y espíritu están estrechamente ligados, entonces el cerebro tiene un sexo. De ahí las consecuencias: si una mujer escribe un libro, desplaza una energía fecunda; de ahí la idea de que la actividad del sexo es inversamente proporcional a la del cerebro" (Fraisse, 1989).

      b) El discurso igualitario

      Parte de premisas antagónicas, que pueden resumirse en la frase de P. de la Barre (1673): "El espíritu no tiene sexo", recogiendo la distinción de Descartes entre cuerpo y espíritu. Al afirmar la autonomía del pensamiento respecto al cuerpo, el filósofo francés permitió pensar en la igualdad intelectual de los sexos.

      Distinguiendo los aspectos sociales de los fisiológicos y anatómicos, cuestionando la posibilidad de establecer un lazo directo entre ambos fenómenos, Condorcet y autoras como Olympe de Gouges o Etta Palm, abren las vías para considerar la igualdad civil y política entre los sexos.

      Sin embargo, el discurso igualitario será defendido por pocas personas, mientras que la ideología naturalista tendrá más éxito. Por ejemplo, en la Enciclopedia (1751-1765) quedan perfectamente reflejados estos planteamientos en las definiciones que recoge de "hombre", "mujer" y "sexo".

      Hombre (masculino, singular): "ser que siente, que reflexiona, que piensa, que se pasea libremente por la superficie de la tierra, que parece estar al frente de todos los demás animales sobre los cuales domina, que vive en sociedad, que ha inventado Ciencias y Artes, que tiene una bondad y una maldad que le son propias, que se ha dotado de amos, que se ha dotado de leyes"

      "Mujer (femenino, singular): es la hembra del hombre. Ver: Hombre, hembra, Sexo."

      "Sexo: El sexo, hablando en términos absolutos, o más bien el bello sexo, es el epíteto que se les da a las mujeres, y que no se les puede quitar, ya que ellas son el principal adorno del mundo. Que unan a este merecido título todo lo que es propio de su estado: el pudor, la dulzura, la compasión y las virtudes de las almas sensibles: la música, la danza, el arte de mezclar los colores sobre un lienzo, son las diversiones que les convienen(...) que su feliz fecundidad perpetúe los amores y las gracias, que la sociedad les deba su educación y sus gustos más delicados (...) que mediante una prudencia sumisa y una habilidad modesta, sin artimañas, exciten a la virtud, reanimen el sentimiento de felicidad, y suavicen todos los trabajos de la vida humana: tal es la virtud, tal es el poder del bello sexo".

      La homología mujer/sexo permitirá a los Ilustrados naturalizar los roles sociales de las mujeres, naturalización que se va perfilando a lo largo de los epígrafes que componen las extensas definiciones de hombre y mujer.

      La reproducción de la especie, (que conlleva la opción por la "naturalidad" de las relaciones sexuales heterosexuales), su institucionalización a través del matrimonio (monógamo), la importancia que tiene para los gobernantes de los Estados contar con numerosos sujetos y la educación de los mismos son, al igual que en siglos anteriores, algunos de los temas centrales.

      Por ejemplo, la inquietud por la procreación y el matrimonio se plasma, en la voz "mujer", en el epígrafe sobre el Derecho Natural:

      "Mujer: hembra del hombre, considerada (mujer) en tanto que está unida a él por los lazos del matrimonio (...) aunque el marido y la mujer tengan en el fondo los mismos intereses (de cara al matrimonio) es esencial que la autoridad pertenezca al uno o al otro (...) el derecho positivo (...) las leyes y las costumbres de Europa dan esta autoridad unánime y definitivamente al macho (...) el marido es, por naturaleza, el amo de la casa, el jefe de la familia"

      Pero ¿cómo justificar la autoridad por naturaleza del marido sin poner en tela de juicio el principio de igualdad que defendían los ilustrados?

      Para salvar el escollo y no tener que dotar de un mismo derecho natural a ambos sexos, se acogen a la flexibilidad de la ley civil y a los posibles acuerdos previos existentes entre los futuros cónyuges, siempre y cuando "la ley natural" y la religión no determinen lo contrario.

      Esta ambivalencia que les confronta con el derecho natural, desaparece en el apartado sobre la moral, y en él vuelven a insistir sobre las diferencias entre hombres y mujeres acusando a la educación de haber modificado las características naturales de éstas:

      "Las mujeres sólo tienen caracteres mixtos, intermediarios o variables (quizás) la educación altera su naturaleza más que la nuestra (...) ¿quién puede definir a las mujeres?. Distinguidos por desigualdades, los dos sexos tienen ventajas casi iguales. La naturaleza ha puesto de un lado fuerza y majestad, valor y razón; del otro las gracias y la belleza, la finura y el sentimiento (...) los hombres han aumentado su poder natural mediante las leyes que han dictado; las mujeres han aumentado el precio de su posesión mediante la dificultad (que tenemos) para obtenerlas"

      Siempre omnipresente, naturaleza y sexualidad estructuran el discurso "inferiorista-complementario" de los enciclopedistas, y las ideas de Rousseau sobre las mujeres. Así se construirá un tipo ideal de mujer, un modelo de acción y de comportamiento que las mujeres deben seguir:

      "Recluida en los deberes de mujer y de madre, consagra sus días a la práctica de las virtudes oscuras: ocupada del gobierno de su familia, reina sobre su marido por su complacencia, sobre sus hijos por la dulzura, sobre sus criados por la bondad. Su casa es la morada de los sentimientos religiosos, de la piedad filial, del amor conyugal, de la ternura maternal, del orden, de la paz interior y de la salud; ecónoma y sedentaria, mantiene alejadas las pasiones y las necesidades" (Rousseau, "La Nueva Eloisa", 1760, reeditada 70 veces hasta 1789).

      Este apretado programa perfila los roles y funciones asignadas al Bello sexo, y nos recuerda el destino de Julie, en la novela de Rousseau publicada en 1761.

      La historia: Julie se enamora de St Preux, su profesor de filosofía, pero los prejuicios sociales impiden esa relación y el padre de Julie se opone. Julie acabará aceptando el matrimonio impuesto por su padre y se convertirá en esposa y madre perfecta. Aunque, ya casada y con hijos se reencuentra con St Preux, nada cambia. Julie morirá ahogada, tras salvar a uno de sus hijos que se había caído en un estanque.

      Toda la novela le sirve a Rousseau para expresar cuáles son las expectativas sociales en torno a las mujeres.

      Julie es noble, pura, sumisa, honesta; defiende la diferencia entre los sexos: "no sabría imaginar un modelo común de perfección para dos sexos tan diferentes (...) esas diferencias no son convencionalismos como piensan tus filósofos, sino instituciones naturales".

      Así mismo, como hombres y mujeres poseen caracteres y temperamentos diferentes, su educación también debe serlo ya que si una mujer recibiese la misma educación que un hombre, su carácter saldría perjudicado. Para evitarlo, las mujeres tienen que saber todo lo que les conviene, y les conviene saber todo lo que pueda contribuir al bienestar de los hombres. En el "Emilio" (1762), Rousseau propondrá un programa educativo para Emilio y otro para Sophie, programa que la preparará para asumir los deberes naturales de su sexo.

      Rousseau estaba firmemente convencido de la inferioridad natural de las mujeres y, aunque al igual que los Enciclopedistas, aceptaba la unicidad de la especie humana, y proclamaba que las diferencias eran un producto social, hacía las mismas salvedades que ellos: "La inteligencia "natural" no es igual en todos los seres humanos, como tampoco lo son la fisiología, la anatomía y el sexo".

      La idea de la inferioridad natural de las mujeres como consecuencia biológica de su papel en la reproducción ha sido la definición social dominante en nuestra sociedad acerca de la relación entre los sexos. Una idea históricamente contestada y desligitimada por parte de determinados sectores de mujeres que han venido reclamando y construyendo una identidad diferente para las mujeres.

      INTERPRETACIONES FEMINISTAS DE LA RELACION ENTRE LOS SEXOS

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